Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
Gran poema. Bien es cierto que muchas veces cuesta darse cuenta de la realidad que prodiga... pero, con el paso del tiempo, y las experiencias y circunstancias que cada cual vive, se ve con claridad lo que se desea reflejar en cada acto, en cada gesto, en cada mirada... yo, solo espero seguir caminando sin mirar atrás... los errores de un pasado no se pueden arreglar, e incluso me atrevería a decir que no se pueden ni siquiera paliar, pero lucharé por aquello que quiero. Cambiaré un destino que antaño estaba plagado de averías, por uno en el cual pueda pisar fuerte mis propias huellas.
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