La mañana comienza con los primeros destellos del sol al nacer. Empieza lentamente a iluminar los caminos que deberemos pisar. Sin embargo, siempre están los rincones sombríos, los cuales son las sombras de aquellas zonas no iluminadas. Yo, bueno, últimamente mi sombra está más grande de lo normal. Me ahoga la sensación de la oscuridad rodeando mi cuerpo... pero es extraño, al mismo tiempo me gusta. Será que es mi única compañera en los momentos de soledad, aquella que invade cada vez más mi camino. La luz es necesaria para la vida... pero, ¿cómo recordarla cuando se pone el sol?... la luz artificial, las farolas, no son lo suficientemente buenas para ayudarme a ver el camino.
Cada vez me queda menos, me duele cada vez más esa parte del cuerpo maltratada en el pasado... no me dan esperanzas...
Entoces, encuentro ese parque que cada noche me espera, fiel amigo bajo el cielo estrellado... No se encuentran aquellas luces artificiales alrededor... lo que favorece ver los luceros que cuelgan en el firmamento. Un ser querido, me dijo una vez, que mirara las estrellas en los momentos más difíciles... bien, eso hago. Les cuento mi situación... me creo que me escuchan, cuando nadie más lo hace. Reflexiono, pienso, y tomo conclusiones... puede que sean equivocadas, pero intento tomar las mejores. Intento pensar que todo mejorara, ser falso conmigo mismo y sonreir, darle portazo a otra parte de mi vida... y, pensar que todo saldrá bien. Procuraré que nada pueda joderme, y ser dueño de mí, de mi destino.
Veré la luz como el alma de la noche, y la oscuridad, como la compañera en soledad.
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