Te vas dando cuenta que tus pasos ya estan cansados. ¿Para qué seguir andando, para que seguir luchando?... esas preguntas aporrean una y otra vez la cabeza, entrando como una jauria de lobos hambrientos, deseosos de vencer a la presa. ¿Para qué continuar?... Ni yo mismo lo sé. Todo se torna de un color gris, oscuro, un callejón negro sin salida. Dejas pasar el tiempo, las horas, los minutos, los segundos, para darte cuenta de que nada de lo que has hecho puede cambiar. Simplemente queda tu habitación, y tú. La soledad se convierte en tu más fiel compañera. La habitación, compartida siempre por la bebida, se torna en un lugar del que no puedes salir.
La calle, no es más que un túnel por el que consigues vagabundear sin un rumbo fijo.
Posees libertad sin ser libre. Las sensaciones de angustia aumentan, todo está mal. Has fallado a todos, y el beber parece compartir tus penas. Tu hígado se resiente, necesita ser escuchado, pero no alza la voz lo suficiente. La operación parece inminente, y de nuevo, la oscuridad entra por la ventana siendo de día.
Una casa, vacía, simplemente se encuentra una silueta envejecida por las huellas de un pasado, de un presente, y sin un futuro. Incapaz de encontrarse a él mismo, se busca en el espejo... pero el reflejo de una cara abandonada no sirve de nada.
Nada es su hogar, nada es su lugar, nada es suyo, nada tiene sentido...
De día en una casa vacía, de noche... acompañante de la bebida... sin nadie a su alrededor... cansado, sin dormir...
Y, de nuevo, la jauría de lobos arremeten en su cabeza...
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